NAYARIT
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Dos pueblos a menos de una hora de Puerto Vallarta que se han convertido en referentes del turismo alternativo en México. Sayulita, con su ambiente bohemio, sus olas y sus calles llenas de color, contrasta con la serenidad de San Pancho, donde el ritmo es todavía más pausado y la comunidad de artistas y surfistas crea una atmósfera única. Dos formas distintas de vivir el Pacífico.
El pueblo wixáritari, también conocido como huichol, lleva siglos habitando las montañas del norte de Nayarit y conserva una de las tradiciones espirituales y artísticas más vivas de México. Sus tejidos de estambre y sus esculturas de chaquira, llenas de simbolismo sagrado, son reconocidos internacionalmente. Visitar sus comunidades es una de las experiencias culturales más auténticas que ofrece el país.
Un archipiélago protegido a solo 35 kilómetros de la costa que guarda uno de los paisajes más impresionantes del mundo: la Playa Escondida, a la que solo se puede acceder nadando a través de un túnel natural. Sus aguas son reserva de la biosfera y hogar de tiburones ballena, rayas manta y cientos de especies marinas. Una experiencia de snorkel y kayak que no se olvida jamás.
La laguna de San Blas y las costas de Nayarit producen algunos de los mariscos más apreciados de todo México. Camarones gigantes a la diabla, aguachiles verdes con pepino y limón, y ceviches servidos en tostadas recién hechas son el desayuno obligado de cualquier viaje a la zona. La gastronomía marina de Nayarit es una razón en sí misma para coger el avión.
